EDUCACIÓN EN TECNOLOGÍA
Hoy
en día hay que enfrentar la enorme tarea de mejorar la enseñanza de las
ciencias para satisfacer las demandas y desafíos de una economía globalizada. Es por ello que las salas de clase deben ser transformadas en centros de aprendizaje
abiertos que ofrezcan programas de ciencias basados en la práctica, el
pensamiento y la realidad.
Teniendo
en cuenta que la globalización ha sido favorecida y que va acompañada de un
amplio y vigoroso desarrollo tecnológico, el Ministerio de Educación Nacional
mediante la Ley
115, establece la Educación
en Tecnología e informática como área
obligatoria y fundamental.
Es
necesario tener en cuenta que la educación en tecnología se asume como el
“proceso permanente y continuo de la transformación de conocimientos, valores y
destrezas inherentes al diseño y producción de artefactos, procedimientos,
sistemas y ambientes tecnológicos. Apunta a la preparación de las personas
hacia la comprensión, uso y aplicación de la tecnología para la satisfacción de
las necesidades individuales y sociales”.[1]
Pero
lamentablemente en nuestra región no se está desarrollando el área
Tecnología e informática con el enfoque
apropiado, y esto se evidencia en la mayoría de las instituciones educativas
que sólo se dedican a dar clases de computación, dejando a un lado la parte
tecnológica.
En este punto es
recomendable tener en cuenta los apuntes del
Profesor Alvaro Acero Rozo de la Universidad Pedagógica
Nacional, en su artículo “La educación en tecnología una alternativa” el
comenta: “Por encima de cualquier presupuesto y en la perspectiva de la
educación como medio hacia el progreso social y el desempeño individual y
colectivo, el estudio de la tecnología reclama la consecución de por lo menos
tres estadios o momentos curriculares posibles en la formación de los educandos
en tecnología.
En un primer estado o
momento se prevé la adquisición de un lenguaje de lo tecnológico. En un segundo
momento, la apropiación de habilidades hacia la comprensión, manejo y operación
de lo tecnológico. Y en un tercer momento, la proyección individual hacia la
generación de estrategias enfocadas a la creación de tecnología”
Lo anterior, no se trata de desvirtuar la formación técnica que en la
actualidad se viene desarrollando, sino de centrar ésta en su espacio, en la
medida que su enfoque se centra en la formación de los individuos hacia un
puesto puntual de trabajo. Se trata de reconocer que el desarrollo tecnológico
de un país requiere también de condiciones particulares centradas en el
desarrollo de la capacidad creativa de sus individuos y hacia la transformación
del medio en que se desenvuelven por la mediación de artefactos.
La tecnología casi no ha entrado en el
sistema educativo formal y cuando lo ha hecho, ha sido tímidamente y sin
alterar la esencia de los procesos educativos tradicionales. Si esta es la
situación, se impone una reflexión sobre el por qué.
Se trata de que los profesores empiecen
a plantearse el papel de la tecnología en los procesos curriculares y que estén
dispuesto a redefinir, de alguna manera, sus roles docentes, lo que siempre
supone un riesgo que hay que estar dispuesto a correr.
Llevando estos planteamientos a la
enseñanza se puede preguntar ¿cuáles son las competencias de los profesionales
de la enseñanza? ¿Qué competencias puede proporcionar la tecnología en los
procesos formativos generados en el sistema educativo? ¿Qué competencias
docentes son necesarias para responder a las necesidades surgidas de la
transformación social? ¿Qué están haciendo las universidades en la formación de
los futuros docentes de tecnología e informática?
La formación del profesorado tiene que
abarcar ámbitos formativos dirigidos no sólo a ofrecerles conocimientos
tecnológicos, sino y sobre todo conocimiento pedagógico y cultural de lo que
representa incorporar estas tecnologías a la práctica de enseñanza tanto del
aula como el centro escolar.
Para concluir, se puede afirmar que el
reto no es solo cualificar al profesorado para que sea un usuario de la
tecnología en la clase, sino para que sea un profesional que sabe enfrentarse a
la complejidad de los problemas culturales del alumnado que están surgiendo en
un contexto social en el que las nuevas tecnologías están omnipresentes y que
tiene la capacidad para planificar y poner en práctica soluciones educativas
tanto en su aula como en su centro.

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