lunes, 11 de julio de 2016

EDUCACIÓN EN TECNOLOGÍA

Hoy en día hay que enfrentar la enorme tarea de mejorar la enseñanza de las ciencias para satisfacer las demandas y desafíos de una economía globalizada.  Es por ello que las salas de clase  deben ser transformadas en centros de aprendizaje abiertos que ofrezcan programas de ciencias basados en la práctica, el pensamiento y la realidad.

Teniendo en cuenta que la globalización ha sido favorecida y que va acompañada de un amplio y vigoroso desarrollo tecnológico, el Ministerio de Educación Nacional mediante la Ley 115, establece la Educación en Tecnología  e informática como área obligatoria y fundamental.

Es necesario tener en cuenta que la educación en tecnología se asume como el “proceso permanente y continuo de la transformación de conocimientos, valores y destrezas inherentes al diseño y producción de artefactos, procedimientos, sistemas y ambientes tecnológicos. Apunta a la preparación de las personas hacia la comprensión, uso y aplicación de la tecnología para la satisfacción de las necesidades individuales y sociales”.[1]

Pero lamentablemente en nuestra región no se está desarrollando el área Tecnología  e informática con el enfoque apropiado, y esto se evidencia en la mayoría de las instituciones educativas que sólo se dedican a dar clases de computación, dejando a un lado la parte tecnológica.
En este punto es recomendable tener en cuenta los apuntes del  Profesor  Alvaro Acero Rozo de la Universidad Pedagógica Nacional, en su artículo “La educación en tecnología una alternativa” el comenta: “Por encima de cualquier presupuesto y en la perspectiva de la educación como medio hacia el progreso social y el desempeño individual y colectivo, el estudio de la tecnología reclama la consecución de por lo menos tres estadios o momentos curriculares posibles en la formación de los educandos en tecnología.
En un primer estado o momento se prevé la adquisición de un lenguaje de lo tecnológico. En un segundo momento, la apropiación de habilidades hacia la comprensión, manejo y operación de lo tecnológico. Y en un tercer momento, la proyección individual hacia la generación de estrategias enfocadas a la creación de tecnología”

Lo anterior, no se trata de desvirtuar la formación técnica que en la actualidad se viene desarrollando, sino de centrar ésta en su espacio, en la medida que su enfoque se centra en la formación de los individuos hacia un puesto puntual de trabajo. Se trata de reconocer que el desarrollo tecnológico de un país requiere también de condiciones particulares centradas en el desarrollo de la capacidad creativa de sus individuos y hacia la transformación del medio en que se desenvuelven por la mediación de artefactos.

La tecnología casi no ha entrado en el sistema educativo formal y cuando lo ha hecho, ha sido tímidamente y sin alterar la esencia de los procesos educativos tradicionales. Si esta es la situación, se impone una reflexión sobre el por qué.

Se trata de que los profesores empiecen a plantearse el papel de la tecnología  en los procesos curriculares y que estén dispuesto a redefinir, de alguna manera, sus roles docentes, lo que siempre supone un riesgo que hay que estar dispuesto a correr.

Llevando estos planteamientos a la enseñanza se puede preguntar ¿cuáles son las competencias de los profesionales de la enseñanza? ¿Qué competencias puede proporcionar la tecnología en los procesos formativos generados en el sistema educativo? ¿Qué competencias docentes son necesarias para responder a las necesidades surgidas de la transformación social? ¿Qué están haciendo las universidades en la formación de los futuros docentes de tecnología e informática?


La formación del profesorado tiene que abarcar ámbitos formativos dirigidos no sólo a ofrecerles conocimientos tecnológicos, sino y sobre todo conocimiento pedagógico y cultural de lo que representa incorporar estas tecnologías a la práctica de enseñanza tanto del aula como el centro escolar. 


Para concluir, se puede afirmar que el reto no es solo cualificar al profesorado para que sea un usuario de la tecnología en la clase, sino para que sea un profesional que sabe enfrentarse a la complejidad de los problemas culturales del alumnado que están surgiendo en un contexto social en el que las nuevas tecnologías están omnipresentes y que tiene la capacidad para planificar y poner en práctica soluciones educativas tanto en su aula como en su centro.





[1] Revista Magisterio. Ciencia y Tecnología. 

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